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EL MORDELON

 

Generalmente la conducta del “mordisco” aparece donde se reúnen grupos de niñ@s entre los 12 y 30 meses de edad. Esta conducta produce en la maestra sentimientos de impotencia y frustración, cuando no logra identificar el instante justo en que va a suceder, pues este es impredecible.  Puede ocurrir en grupos grandes o pequeños, en espacios cerrados o abiertos; en situaciones de juego libre, de arrunche o en actividades de estimulo.

Algunos  profesionales  explican dicha conducta enunciando que al carecer  el niñ@  de la palabra, recurre  al mordisco, al halón de pelo o al arañazo, como manera de comunicar sus deseos, sus frustraciones  o cuando no se le comprenden sus necesidades.

L@s niñ@s pequeños muerden porque necesitan proteger o lograr algo que les interesa, como un juguete, el amigo o el cariño de la maestra. Muerden también a causa de la molestia de las encías (dentición) y también lo hacen por juego o cariño.

El episodio del mordisco se asocia también con momentos de “sobrecarga”  para el niñ@ en su ambiente familiar o social, e incluso son temores guardados desde la más tierna infancia, los cuales al no ser identificados o comprendidos por los adultos afloran “disfrazada mente”  en forma de pesadillas, miedos, negativismo, rabietas o mordiscos.

La experiencia de trabajo con niñ@s indica que esta conducta es pasajera, con el tiempo y la intervención de las maestras el niñ@ aprende a controlarse y manifestarse mas adecuadamente.

El niñ@ que muerde no se da cuenta del dolor que ocasiona; después del suceso el “mordelón”  queda tan horrorizado como el mordido, pues no cuanta con la madurez suficiente para controlarse y entonces recurre a esta forma de expresión.

Cada “mordelón” es un mundo aparte; hay que descubrir en cada un@, que es lo que l@ impulso a morder (cansancio, frustración por un objeto que le han quitado,  búsqueda de afecto,  etc.,) y como poder ayudarlos desde una mirada COMPRENSIVA y una PALABRA MEDIADORA, que le ayude a clarificar sus sentimientos o por lo menos, lo descanse  de su confusión y desconocimiento  de lo que le sucede.

A veces también proporcionarle objetos en los cuales “descargar” un poco sus impulsos, ayuda al proceso; por ejemplo algo para abrazar como un cojín, aislarlo un rato de la situación   y que reflexione, enseñarle formas expresivas adecuadas de abrazos, besos, palabras, y ante todo darle el tiempo para que cada proceso vaya madurando y logre establecer relaciones  más amablemente.


Servicio de psicología.

Última actualización el Martes, 21 de Febrero de 2012 22:20
 

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